Ayer, triste, pensaba felizmente, que el hombre no esta sólo hecho de desesperación sino de fe y de esperanza, no sólo de muerte sino también de anhelo de vida, tampoco únicamente de soledad sino de momento de comunión y amor. Porque si prevaleciese la desesperación, todos nos dejaríamos morir o nos mataríamos, y eso no es de ninguna manera lo que sucede. Por suerte el hombre no es casi nunca un ser razonable, y por eso la esperanza renace una y otra vez en medio de las calamidades... y este mismo renacer de algo tan descabellado, tan sutil y tan entrañablemente descabellado, tan desprovisto de todo fundamento es la prueba de que el hombre no es un ser racional. Y así, apenas los terremotos arrasan una región de Japón, o un tsunami liquida a miles de centenares de personas, fueron los sobrevivientes, los que asistieron a esas calamidades de la naturaleza o de los hombres, esos mismos seres que en aquellos momentos de desesperación pensaron que nunca mas querrían vivir y que jamás reconstruirían sus vidas ni podrían reconstruirlas aunque los quisieran, esos mismos hombres y mujeres, esos precarios seres humanos ya empiezan de nuevo, como hormiguitas tontas pero heroicas, a levantar su pequeño mundo de todos los días. Ah, entonces no eran las ideas las que salvaban al mundo, no era el intelecto ni la razón, sino todo lo contrario, aquellas insensatas esperanzas de los hombres, su furia persistente para sobrevivir, su anhelo de respirar mientras sea posible, su pequeño, testarudo y grotesco heroísmo de todos los días frente al infortunio. Y si la angustia es la experiencia de la nada, ¿no seria la esperanza la prueba de un sentido oculto de la existencia, algo por lo cual vale la pena luchar? Y siendo la esperanza mas poderosa que la angustia (ya que siempre triunfa sobre ella, sino todos nos suicidaríamos) ¿no seria que ese sentido oculto es mas verdadero, por decirlo así, que la famosa nada?